domingo, 24 de abril de 2011

San Juan de la Peña

El fenómeno eremítico fue importante en Aragón, al igual que en otras zonas del norte de España. Tras la entrada de Tarik en España y derrotado en 711 don Rodrigo en Guadalete, el ejército islámico avanzó con rapidez por la península ibérica. El 712, Acisclo, obispo de Huesca huyó de la misma ante el avance infiel, llevando consigo el Grial que San Lorenzo había hecho llegar a esa ciudad. Se refugió en una cueva-santuario en Yebra de Basa.
Y como él, muchos cristianos buscaron refugio en cuevas, permaneciendo bastantes de las mismas con santuarios rupestres hasta la actualidad. Por nombrar algunas de las aragonesas citaré: Virgen de la Peña en Aniés, San Cristóbal en Bolea, Gorgas de San Julián en Lierta, San Martín de la Val D´Onsera, San Martín de Capella, Virgen de la Peña en Santa Cilia de Jaca, Virgen de la Cueva en Oroel, o la propia de San Juan de la Peña, entre muchas otras.
Todas ellas en su origen son lugares sencillos, como corresponde a los eremitas que las ocupan. Sin más edificación que lo necesario para proveer sus austeras necesidades corporales y espirituales.
San Juan de la Peña, una más entre las nombradas, llegó a ser lugar preferente en la consolidación del reino de Aragón.



Aquí es donde interviene la tradición o la leyenda. Cuenta que a principios del siglo VIII, un noble joven de Zaragoza llamado Voto persiguiendo un ciervo cayó con su caballo por el acantilado de la sierra de la Peña. Habiéndose encomendado en su caída a San Juan, se posó el caballo con suavidad en una roca donde dejó sus cascos marcados. A partir de ese lugar siguió una senda que le condujo a la cueva en la que yacía el cuerpo del eremita Juan de Atarés. Su cabeza reposaba en una piedra en la que había la siguiente inscripción: "Ego Ioannes. Primus. In hoc loco, heremita, qui ab amorem Dei, hac ecclesiam fabricavi, in honorem sancti Ioannis Baptiste. Hic, requiesco, Amen".
Ambos murieron allí y fueron sepultados junto al beato Juan de Atarés. Tras ellos, otros anacoretas mantuvieron habitado el lugar: Marcelo y Benedicto, entre otros. Hacia el año 858 García Jiménez, rey de Pamplona y Galindo II conde de Aragón favorecieron al pequeño eremitorio, haciéndose enterrar allí el rey pamplonés.


En el año 920 fue consagrada la iglesia mozárabe en tiempo del conde de Aragón Galindo Aznárez II. En 959 el rey García Sánchez concedió a los monjes derecho de jurisdicción y Sancho II García y su hijo Sancho III el Mayor continuaron con la política de protección. El propio Sancho III fundó en 1025 un monasterio nuevo sobre el mozárabe existente.




Según la leyenda sobre el Santo Grial, éste permaneció en el monasterio, después de pasar por diversas ubicaciones como la cueva de Yebra de Basa, San Pedro de Siresa, iglesia de San Adrián de Sásabe, San Pedro de la Sede Real de Bailo, la Catedral de Jaca, desde 1071 hasta el 1399.
La necesidad de atraer a los peregrinos a Santiago que pasaban por el cercano camino de Jaca al monasterio aconsejó que en él se ubicara la reliquia. En 1399 el rey Martín I se llevó el vaso sagrado al palacio de la Aljafería de Zaragoza, donde estuvo más de veinte años, después de una breve estancia en Barcelona, acompañando al rey y posteriormente se trasladó a la Catedral de Valencia.





The monastery of San Juan de la Peña is located at the south-west of Jaca, in Huesca,Aragón,Spain.
As a result of the Muslim invasion, a number of hermits vanished themselves to this remote spot in the Pyrinees and they created a meeting point for hermit life which lived on until the 10th century.
In the year 920, Galindo Aznarez II, Count of Aragón, conquered the lands South of the river Aragón, reaching the mountains of San Juan de la Peña, where he founded a monastery devoted to St Julián and St Basilisa, which was erected in the same place where the hermits used to live.
In 1701, Sancho Ramírez (second king of Aragón) created the Monastery of San Juan de la Peña over the old one, and he designed it as a burying place for the kings of Aragón. He also endowed the monastery with a vast estate and began the construction of its high Church.





The second half of the 12th century was disastrous for the monastery; it lost the Pope's favor and also the King's, who moved the capital of the kingdom of Aragón to Huesca. Later on, in 1157, when complete bankruptcy was looming, it was saved by Pope Adrian VI and by the Count Ramón Berenguer IV, Prince of Aragón.
In 1245, with abbot Iñigo at its head, the monastery reached an agreement that allowed it to start another peaceful spell and to become once again one of the main Benedictine centers of Aragón. 
In the 16th century, the monastery underwent yet another decrease in its patrimony, owing to the separation of the dioceses of Jaca and Huesca. 
In 1675 there was a great fire; the refectory, the guesthouse and the rich archive burnt in the fire. The monastery was left in a pitiful state, which led the monks to build a new monastery on the plains of San Indalecio.




The monastery is built beneath a huge rock sometimes associated with the legendary "Monte Pano".
Legend said that the chalice of the Last Supper (Holy Grail) was sent to the monastery for protection and prevention from being captured by the Muslim invaders of the Iberian Peninsula.



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